Cortesía de El Ratón Caramelón
Febrero 2008
27 Febrero 2008
27 Febrero 2008
A las personas, como seres sociales que somos, nos encantan las tradiciones. Los orígenes de la costumbre en cuestión pueden ser de los más tonto o prosaico, como las famosas uvas de la suerte de fin de año, pero eso no impide que todos o casi todos las sigamos.
Unas cuantas de esas costumbres tienen que ver con el traje de la novia. Para empezar, los trajes de novia son blancos por que así se casó la reina Victoria en 1840 (wikipedia dixit).

Antes de eso las mujeres se casaban con el traje más caro que se podían comprar. Lo que también tiene bastante sentido si te pones a pensarlo un rato con calma.
Otra de esas tradiciones, cuyo origen no he podido encontrar, es que el novio no puede ver el traje de la novia. La norma no es simétrica, por que la novia sí que puede ver el traje del novio. ¡Qué digo yo! Está obligada a supervisar la compra del traje del novio, dado que este no es capaz de distinguir una boina de una sardina, y mucho menos un traje de Hugo Boss de uno de Zara.
¿Qué le queda al novio? Pues poca cosa. En el mejor de los casos acompañará a la novia en los trámites finales de la compra de su vestido. Como el novio también es sujeto de derechos al fin y al cabo, tendrá la dicha de pasar su tarjeta del Corte Inglés (bendito sea) para pagar ese vestido que no ha visto ni verá en unos meses.
Hay más suerte con los zapatos, por lo menos he podido el novio puede ver la caja por fuera.
Ni que decir tiene que nada de esto me ha pasado a mí. Que todo lo saco de la wikipedia .
