Estos animales se llaman flamencos en casi todo el mundo de habla hispana, excepto en la parte de México ocupada por Nuria. En esa pequeña región a estos animales se les llama esos bichos o con menos generalidad celestunes. El término debe proceder de Celestún, un pueblo del estado de Yucatán famoso por su pulpo y su Parque Natural del Flamenco Mexicano.

Tenemos más fotos del viaje, como esta, en:

Lunamieleros

Quizá un día de estos Nuria os explique por qué estaba tan contenta cuando volvimos de Cozumel:

El traje de la novia

Julio ya ha contado magistralmente lo que pasó con el traje de la novia, la novia en sí y su compañía (leedlo entero, por favor). No diré más. Solo añado que nunca me creí los mensajes tranquilizadores que Lorenzo me daba por teléfono.

La flor del novio

Es tradición que el novio lleve una flor en el ojal, a juego con el ramo de la novia. Yo no encontré mi flor y visto lo visto tampoco quise llamar por teléfono a Nuria para insistir en ese detalle tan pequeño.

Ya al día siguiente, cuando había acabado todo, me encontré la flor, a salvo de todo y bien guardadita en el frigorífico, al lado de los yogures.

La música de la fiesta

Preparé un disco con música, unos temas me gustan a mí, otros a Nuria, otros a los dos, para poner en la fiesta. Estas eran las pistas:

Incluso llamé el día un par de días antes a los encargados de la música para decirles que pusieran poca pachanga y mucho años 80. Los que no estabais muy borrachos en el baile sabréis que no me hicieron ni puñetero caso. Pero que quede constancia de que lo intenté.

Próximamente, los celestunes

¿Qué puedo decir ahora? Quiero daros millones de gracias a todos por hacer de la boda un momento tan completamente inolvidable. Tanto Nuria como yo nos hemos sentido arropados y muy queridos en todo momento. Ha merecido la pena pasar algún apuro para que, al final, todo haya resultado también.

Cuando volvamos del viaje os contamos algunas curiosidades de la boda, mientras tanto ¡gracias!

PS: Nuria corrobora lo que escribo. O por lo menos lo hará cuando lo lea, que está en la cama intentando dormirse.

Gracias a los dioses no soy supersticioso. Si lo fuera quizá pensara, después del día de hoy, que algún poder en el cielo o en el infierno nos quiere avisar de que eso de casarse no es buena idea. (Ya puestos, podía habernos avisado antes de casarnos, los dos, con el banco.)

Hoy tanto Nuria como yo teníamos vacaciones. Un día libre nos venía bien para terminar de organizar la boda. A eso de la una y media nos hemos ido a Pozuelo y Nuria se ha dado cuenta de que el coche hacía un ruido raro. Una especie de  bzzzzzzz.

Después de comer nuestra tarea era ira Madrid y recoger el traje de la novia. Como el ruido seguía oyéndose decidimos llevar el coche a un taller cercano. A unos 300 metros de la meta el coche se ha negado a seguir avanzando. Mientras Nuria llamaba a Mapfre se ha puesto a llover como si el agua la regalaran. Diez o veinte minutos más tarde ha llegado la grúa. Resultado: el coche de Nuria, feliz en las manos expertas de los mecánicos de Pozuelo y nosotros mojaditos y yendo a Madrid en tren.

En tren y en Metro. Cuando estábamos a dos estaciones de Nuevos Ministerios, a una chica de nuestro vagón del Metro le ha dado un ataque epiléptico. Mientras la gente se acercaba a ayudar o mirar o molestar, Nuria metía la cabeza y decía ¡Metedle algo en la boca!. Desde luego, cualquier cosa que le metieras en la boca a la chica en ese momento lo partía en dos, que parecía la niña del exorcista la pobre. En cuanto he visto que venían los guardas de seguridad he agarrado a Nuria, que seguía mirando a ver qué pasaba y hemos ido andando hasta el Corte Inglés. Recordad que nuestra misión era recoger el vestido de novia.

Ya con el vestido de novia en las manos (y alguna otra cosa que me he comprado para mañana ¡que me caso!) nos hemos montado en un taxi, ya cansados de coches que se paran y vagones de película de terror. Éramos muy ilusos pensando que podíamos escapar.

Cuando el taxi estaba llegando a nuestra casa, hemos tenido la mala suerte de pararnos detrás de un autobús. Y nuestro taxista debe ser de la subespecie más abundante, el comecarriles. Al ver el autobús parado ha intentado adelantarlo. Para haceros una idea de lo que ha pasado durante esos segundos, imaginaos una carrera, pero de 20 metros, con el autobús en marcha en un lado, coches en dirección contraria en el otro lado y el taxista picado y sus pobres pasajeros en medio. Un par de segundos nada más y el taxista ha salido disparado delante del autobús, con los espejos retrovisores de ambos chocando.

Nuria se ha quedado con la boca abierta. Yo solo he podido decir ¡¿Pero oiga?!. Después el taxista se ha bajado, yo creía que aún se daba con el conductor del autobús. Mientras los dos hablaban nosotros buscábamos el dinero para salir corriendo. Aunque estuviéramos a diez kilómetros de casa, mejor ir andando.
Sirva esta narración de catarsis y de ofrenda a los dioses. Que no nos pase ná mañana.

Debe ser que a partir de las dos de la mañana me despejo, es mi momento. ¿Os dio envidia la despedida de Nuria? Bueno, aunque yo no quise despedida, sí que estuve en la despedida de Víctor y Raúl, dos amigos que se casan el mes que viene. No lo pasamos mal, aunque a mí todavía me duelen las costillas de los golpes que me di contra el suelo.

De lo que no hay fotos de las, ejem, actividades nocturnas.
Y casi mejor, no se vaya a romper un matrimonio antes de constituirse.

El diablo está en los detalles. Si no fuera así, no estaría despierto a las dos de la mañana, escribiendo esta entrada. Acabo de terminar el protocolo, esa hoja, que tanto se agradece, que pone con quien te ha tocado en suerte sentarte.

Mesa de boda

Os reconozco que hacer la distribución de mesas es más difícil de lo que parece. Por un lado sabemos que se lo acaba uno pasando bien en casi cualquier lugar, pero nosotros también intentamos que todo el mundo esté con quien se lo pueda pasar bien. No es fácil. Para mi próxima boda con Nuria me escribo un programa de optimización.

Espero que todo el mundo tenga claro como llegar al sitio de la celebración. Ya dejé un plano aquí, os aseguro que no tiene pérdida. Si yo soy capaz de llegar, puede cualquiera.

Seguiré trabajando, me queda acabar alguna cosa de la música (sí, va a haber música). Confieso que empiezo a estar hasta los huevos de mi propia boda.

No pensaba escribir nada en este blog, que fue idea de mi hermano mellizo, porque yo soy tímida, y además ¿iba a describir mis nervios, la histeria que nos entró el último día que fuimos al registo civil y discusiones del estilo con mi novio? Seguro que las películas que hay sobre el tema (los líos de antes de la boda) son mucho más divertidas. Pero un acontecimiento me ha impulsado a escribir. Seguro que la despedida de soltera también es un tema muy común, pero me divertí y me apetece contarlo.

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Yo no quería una despedida, me da terror ser el centro de atención en las reuniones (¿y el día de la boda entonces? diréis. Bueno, siempre está el Lexatín, jeje), pero las de mi empresa, que son unas cachondas, y en concreto Ana B., que si se descuida la hija del del kiosko de la esquina la organiza la boda también, se empeñaron en celebrarlo. La primera p. para una tímida como yo, fue que tenía que estar a una cierta hora en la gasolinera de al lado de mi casa con un paragüas abierto, y además tendría que llevar una ropa interior sexy. Luego descubrí que lo segundo había sido sólo para asustarme, y lo consiguió, me tiré la tarde antes del evento limpiando mi casa como si me hubiera tomado una anfeta disuelta en coca cola.

La despedida consistió en lo más original del mundo: llevarme a un “boys”. Este en concreto era mixto (para tías y tíos) y un poco siniestro, sólo pudimos entrar cuando nos lo permitió el típico musculitos con gabardina, y dentro todo muy oscuro, con luces rojo putón… Cuando empezó a llegar el resto de las despedidas, y me di cuenta de que solo había otras tres, sólo otra de soltera y el espectáculo duraría un buen rato, me temí lo peor: que la otra pobre chica a la hacían la despedida y a mí, nos iba a tocar a muchos boys por cabeza. Para empezar, me sacó la drag y me tuvo haciendo un paso de baile que no cogía ni a la de tres, y mis amigas venga de fotos, y venga de reir… Cuando volví a la mesa me tomé unos tragos laaargos de cerveza, por lo que vendría después. Por resumir, tuve que salir a otras dos actuaciones, y deciros que los boys hacen bien su trabajo, te ponen tus manos en su culo y cosas por el estilo. Hay fotos que Sergio no debería ver, por nuestra futura unión.

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Cuando salimos del sitio, muy acertadas mis colegas en la elección de gente a la que preguntar por un buen sitio donde ir después, se hicieron amigas de unos chiguitos recién llegados de La Palma, que nos llevaron a un bar cutre de salsa en el que Gema y Sarita se deleitaron bailando lo que a ellas más les gusta. Después conocimos a otro chaval que estaba muy seguro de poder guiarnos al único sitio grande que cerraba tarde, pero se fumó un porro por el camino y nos tuvo una hora y media dando vueltas a una manzana, y cuando llegamos, yo ya estaba tan agotada, que me fui, dejándolas, cerveza y copas en mano, y ya en la calle me tiré en plancha al primer taxi que vi… las dejé celebrando mi despedida hasta que cerraron el chiringuito. Alguna aún quería tomar churros cuando yo debía estar ya soñando…

En fin, yo soy un poco sosa y ya me dice mi madre que a mí el alcohol me intoxica, pero he tenido una despedida típica, y estoy encantada. Gemita se empeñó en hacer “cienes y cienes” de fotos que dan fe de todo, incluido el progresivo deterioro de los maquillajes y cuerpos conforme fue pasando la noche: una despedida en toda regla, sí señor.

dsc02268.jpg¡Muchas gracias chicas! (publicaré más fotos de todo el grupo)

Ya va siendo hora de que os deje un plano para llegar al restaurante donde vamos a celebrar la boda. recordad, sábado 19 de abril a las 7 de la tarde.

Como los mapas de google parece que no pueden incrustarse en la página os toca seguir el enlace.

He necesitado más de una semana para digerir el hecho burocrático, el encuentro íntimo con su maquinaria. Sorprende entrar en la oficina del registro civil de Majadahonda y encontrarse a las funcionarias rodeadas por papeles, a derecha e izquierda; informes delante, expedientes detrás.

BurocraciaLos papeleos nos han costado algún rato de angustia, por que por momentos parecía que no iba a dar tiempo, desde diciembre a abril, que la Administración cumpliera su cometido. Parece mentira la cantidad de documentos que hace falta y el tiempo ¡tres meses! para que los funcionarios correspondientes verifiquen lo que otros funcionarios han escrito.

Nuestro expediente matrimonial ha sido tramitado y, pagando la tasa correspondiente, nos casaremos en el ayuntamiento de Majadahonda el viernes 18 de abril a la una y media. Nos encantará veros por allí, pero no os hagáis demasiadas ilusiones que la boda no va a durar más de quince minutos. Lo bueno es al día siguiente…

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